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babel

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concurre el mismo hecho a la misma hora, no se da por sabido el cruce que se niega y retuerce en su destino, cuando el fiero tráfico lastima un oído y la convocatoria de suceso y minuto languidece en el saludo. al paso se dicen tantas cosas: bendiciones, parabienes, enhorabuenas o la simple ignominia que, testigo desde su altar, no alcanza a beber el vino de la causalidad (y no de la casualidad). lentísimo adaggio de arrabal o sopresiva fuga de metrópoli, entre contadores, tinterillos, leguleyadas, lanzas, cafés y estafa hay una sorpresiva mano que atrapa. se vienen los recuerdos volubles, la pregunta de cajón y la invitación pendiente de hace años de hace mil siglos cuando ambos nos conocimos, en un árido montón de piedras que moldeaban una ciudad la que jamás cuajó, en ese estúpido sueño, en esa torpe comparsa. ¿como en Babel, recuerda? sonríe el encontrador, toma el bolso y marcha. el encontrado revisa su billetera. hay dinero suficiente, nadie dice nada... Como en Babel ¿recuerdas?...

ombligo

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en este punto, en este observatorio, en este ojo u ombligo, el anverso no es reverso. ni el oscuro ni el claro es certero, ni siquiera el borde o el cuerpo. mas el deseo mas la espera mas los días que no son días, o las canas que no son canas reviven acá, en el peso inescrutable del mundo sin orillas. una ceja se pierde donde la humedad de una mascada parece el remedo del olvido, de la ignominia o la presencia, o de años atrás en que fuiste la amplitud del mundo. acá no hay convenciones y acá no hay misterios, sólo existen los que viven y los que mueren se harán jirones y los que profitan, harapos. huellas de espera de paciencia o de cruzar de mar a mar de océano a océano de tu paso a mi paso, de la transitada noche a nuestra noche, la ignorada y oculta noche entre las piedras.

asir (jazz)

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se esconde en el trino oratorio de un blues, la cuerda de acero de un lejano paso, según van las olas en su diáspora irresoluta. en la cuerda del matiz se divisa el peso de tu almohada o el estrecho clamor de tu entrepierna a mares de distancia. y mientras el saxo pasa al soul y el bajo al jazz compasivo, quien escribe se socava en los escupitajos agudos de un platillo que abanica el resplandor de cuatro tristes tías solteronas que en su casa oran, o de cuatro tristes zapateros que en su taller beben, o de cuatro tristes niños que en su revancha de calle le dan a una pelota. y yo estoy siempre allí, en la lejanía vital de tu adherencia, en el grano café al fondo de tu taza, en Cataluña, Praga, Berlín o Basilea, escuchando a Paul Desmond o a Bill Evans. fecundo como siempre, cruzado por ideas, rabioso de alegrías, carente de tu abrazo, a centímetros de tu pecho y cintura. al final de todo suena. la melodía irreverente de una comparsa que no reconozco, la sordina de un grito o el estampi...

anverso

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la bruma ni se esmera tampoco dice buenos días, el sol es enemigo y pervive tu espalda yéndose hoy, mañana y todos los meses a quien sabe qué aventura o parte conocida. bebo la infusión curiosa de un cafetal abro el diario, síntoma inequívoco de cómo van las cosas. en ese continente y en el mío las penurias son las mismas. arrojo una señal de humo por la engrillada ventana y sólo veo los engominados edificios al centro de una jaula la misma que ves la misma que nunca verás. tu espalda es hueso, amor tu espalda es añorable, amor tu espalda es sabia, amor y tu anverso yéndose es la misma baba o hiedra. el mismo lecho, e igual costura y diferente traje. y aún así te grabo en mi abrazo duro y festivo, lo tatué en el índice de este gordo libro en el que memorizo cada día que arropo cada noche, cuando no soy tuyo cuando no eres nuestra. disto bastante de un lince me alejo mucho de un robo en esta niebla tabaco y de estafa que no aparece, en esta bruma tuya y sólo tuya que se desdice en tu in...

во́дка (vodka)

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Un ruso blanco o un ruso negro averso e inverso dos tristes rusos (y yo no podría ser más triste en esta ridícula melancolía) cuando ambos chocan el vaso anverso. El ruso choca al blanco, el ruso choca al negro, ambos son rusos. Los huelo desde la barra de un pueblo anónimo. Uno es cosaco el otro es gitano y moreno. Me desvivo entre la mosca que los seduce me refino, entre la risa y sus espamos. Yo te vi, negro ruso negro, vodka y paladar. Yo te vi, blanco, blanco ruso de leche sin enjuagar. Ajedrez etílico, de cuchillo a puñal, de tu sable engominado en sangre, a mi AK-47 Kalashnikov, de Vladivostok a Vilna, Volga, Caspio o Negro de Siberia a mi mesa, bebo del bálsamo, sólo falta el zar.

Querido y remoto muchacho

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Querido y remoto muchacho: Me pedís consejos, pero no te los puedo dar en una simple carta, ni siquiera con las ideas de mis ensayos, que no corresponden tanto a lo que verdaderamente soy sino a lo que querría ser, si no estuviera encarnado en esa carroña podrida o a punto de podrirse que es mi cuerpo. No te puedo ayudar con esas solas ideas, bamboleantes en el tumulto de mis ficciones como esas boyas ancladas en la costa sacudidas por la furia de la tempestad. Más bien podría ayudarte (y quizá lo he hecho) con esa mezcla de ideas con fantasmas vociferantes o silenciosos que salieron de mi interior en las novelas, que se odian o se aman, se apoyan o se destruyen, apoyándome y destruyéndome a mí mismo. No rehúyo darte la mano que desde tan lejos me pedís. Pero lo que puedo decirte en una carta vale muy poco, a veces menos de lo que podría animarte con una mirada, con un café que tomáramos juntos, con alguna caminata en este laberinto de Buenos Aires. Te desanimás porque no sé quién te d...

Canción de noche

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La noche que yo amo guarda tu esquina y me sorprende de que te apees en los desfiles de cartón muda la piel en las playas antes que en los calabozos La noche que yo amo tiene tu boca porque cuando besa tiemblo le gusta travestirse antes que ponerse el mismo traje en los entierros corretea descalza en las iglesias antes que masturbarse en el metro La noche que yo amo no le pone pleito a tu esquina coladero de pasión y música tiene tu mirada risueña se precipita en mis inglés no sabe de juez ni de cura ni espera cadalsos ni pone grilletes a mis gemidos ni me roba los meses del calendario ni sabe qué pasará mañana. PEPA ORTIZ MORENO (Barcelona, 1972). Escritora y Pedagoga, las dos personalidades al mismo tiempo pero domina más la de escritora: «Cierto día la necesidad de contar me agarró por las solapas y me postró a escribir. Fue al borde de un acantilado de cartón piedra donde me engulló una ola por asomarme demasiado al precipicio. Y las cicatrices son las verdades que salen a flote y...