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diván

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usted, tú, la de siempre. ya la conozco lo sabe, lo sabes ¡ya lo sabes! y aún así es lo que dijo ser o lo que eres o lo que serás o seríamos o las puertas de par en par o las piernas abiertas, respondiendo a una bisagra. y mi anhelo castrado, o de plomo fluye, mientras afuera festejan los gámados con las chimeneas que deshacen la penuria de mi traje y medalla y tus andanzas milenarias.

univitelino

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porque de poesía, nada... a no ser que aparezca el dedal en un dedo o las revistas en las sonrisas o los caballeros en las pelotas o los autos en las ruedas o las pantallas en las películas o el ojal en el dedo y mi alma en el alma o el vaso en la cerveza o la cerveza en la espuma y yo me deje de proferir maldiciones o las maldiciones se hagan plegarias y las plegarias sexo y el sexo una misa y una misa un carnaval y los carnavales funerales y los funerales fútbol y el fútbol, como están las cosas, una ópera docta y la ópera cumbia y la cumbia un fierro largo y el fierro largo al fin poesía y la poesía no es más que un salivazo y los salivazos son amores y los amores migajas porque no vienen ni van y lo que va viene y lo que viene se queda conmigo mientras yo tecleo una mierda de poema o frases juntas y univitelinas de dios padre que no tienen que ver mucho con esto. así son las cosas y el pensamiento, ¿o no?

oexob

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a secev oexob noc im arbmos a veces boxeo con mi sombra

babel

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concurre el mismo hecho a la misma hora, no se da por sabido el cruce que se niega y retuerce en su destino, cuando el fiero tráfico lastima un oído y la convocatoria de suceso y minuto languidece en el saludo. al paso se dicen tantas cosas: bendiciones, parabienes, enhorabuenas o la simple ignominia que, testigo desde su altar, no alcanza a beber el vino de la causalidad (y no de la casualidad). lentísimo adaggio de arrabal o sopresiva fuga de metrópoli, entre contadores, tinterillos, leguleyadas, lanzas, cafés y estafa hay una sorpresiva mano que atrapa. se vienen los recuerdos volubles, la pregunta de cajón y la invitación pendiente de hace años de hace mil siglos cuando ambos nos conocimos, en un árido montón de piedras que moldeaban una ciudad la que jamás cuajó, en ese estúpido sueño, en esa torpe comparsa. ¿como en Babel, recuerda? sonríe el encontrador, toma el bolso y marcha. el encontrado revisa su billetera. hay dinero suficiente, nadie dice nada... Como en Babel ¿recuerdas?...

ombligo

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en este punto, en este observatorio, en este ojo u ombligo, el anverso no es reverso. ni el oscuro ni el claro es certero, ni siquiera el borde o el cuerpo. mas el deseo mas la espera mas los días que no son días, o las canas que no son canas reviven acá, en el peso inescrutable del mundo sin orillas. una ceja se pierde donde la humedad de una mascada parece el remedo del olvido, de la ignominia o la presencia, o de años atrás en que fuiste la amplitud del mundo. acá no hay convenciones y acá no hay misterios, sólo existen los que viven y los que mueren se harán jirones y los que profitan, harapos. huellas de espera de paciencia o de cruzar de mar a mar de océano a océano de tu paso a mi paso, de la transitada noche a nuestra noche, la ignorada y oculta noche entre las piedras.

asir (jazz)

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se esconde en el trino oratorio de un blues, la cuerda de acero de un lejano paso, según van las olas en su diáspora irresoluta. en la cuerda del matiz se divisa el peso de tu almohada o el estrecho clamor de tu entrepierna a mares de distancia. y mientras el saxo pasa al soul y el bajo al jazz compasivo, quien escribe se socava en los escupitajos agudos de un platillo que abanica el resplandor de cuatro tristes tías solteronas que en su casa oran, o de cuatro tristes zapateros que en su taller beben, o de cuatro tristes niños que en su revancha de calle le dan a una pelota. y yo estoy siempre allí, en la lejanía vital de tu adherencia, en el grano café al fondo de tu taza, en Cataluña, Praga, Berlín o Basilea, escuchando a Paul Desmond o a Bill Evans. fecundo como siempre, cruzado por ideas, rabioso de alegrías, carente de tu abrazo, a centímetros de tu pecho y cintura. al final de todo suena. la melodía irreverente de una comparsa que no reconozco, la sordina de un grito o el estampi...

anverso

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la bruma ni se esmera tampoco dice buenos días, el sol es enemigo y pervive tu espalda yéndose hoy, mañana y todos los meses a quien sabe qué aventura o parte conocida. bebo la infusión curiosa de un cafetal abro el diario, síntoma inequívoco de cómo van las cosas. en ese continente y en el mío las penurias son las mismas. arrojo una señal de humo por la engrillada ventana y sólo veo los engominados edificios al centro de una jaula la misma que ves la misma que nunca verás. tu espalda es hueso, amor tu espalda es añorable, amor tu espalda es sabia, amor y tu anverso yéndose es la misma baba o hiedra. el mismo lecho, e igual costura y diferente traje. y aún así te grabo en mi abrazo duro y festivo, lo tatué en el índice de este gordo libro en el que memorizo cada día que arropo cada noche, cuando no soy tuyo cuando no eres nuestra. disto bastante de un lince me alejo mucho de un robo en esta niebla tabaco y de estafa que no aparece, en esta bruma tuya y sólo tuya que se desdice en tu in...