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la baba que sale de los libros

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aún así, con tu salivazo de noche no me voy a poner de rodillas, simplemente porque al final de todo vamos a caernos a dormir en el mismo nicho bajo la misma lápida. y te acordarás de las risas del humor negro y de los inefables acróbatas y de las motos como abejas y del nombre eslavo aquél y de la foto desnudos en cualquier parte. a pesar del salivazo me voy a ir campante entonando "seminare" a buscar al negro pinto o al turco ese o al perro calderón. aún así siempre, a pesar del guanacazo, voy a estar vas a estar y cantaré: "y tus piernas cada vez más flacas saben que no puedo volver atrás, la ciudad se nos mea de risa", pero no me voy a esconder ¡JAMÁS!

iluso y morboso

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ni aburrido siquiera sin tv de nadie, ni comentarios ¿usted a quien le comenta las cosas? yo se las comento a las cortinas, al módem que instaló un señor muy gentil un sábado por la mañana. ajeno a cismas, un chico alcanza un globo antes de que caiga a la calle y un vendedor de antenas ofrece ciruelas secas. Los funcionarios sólo escuchan y un romántico violinista de a peso entona la melodía que da un frenazo seco y agudo, mientras un viejo muerto de hambre le ha mostrado el carrito que robó del supermercado. el chico yace ahí temblando, y menciona a sus abuelos. y yo lo observo en su clamor, en el agradecimiento que se desangra y que diluye su entrada y despedida del mundo. se hace vapor un nuevo eclipse de aquellos. yo, morboso, leo los escritos que encuentro en su mochila. "¡Socórreme, Señor!", dice uno y lo bendigo con un beso en la frente, y pienso que es iluso, benditamente iluso.

economía

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el libro 4° de la economía dice: haga un péndulo fugaz o de átomo, donde vivirán los hombres, la rabia, las sombras, metiendo un globo en el que entrarán todas las necesidades, todas las intenciones.

TOMO 4

mientras no me coman el corazón, todo estará bien. me van a faltar los pulmones el hígado ya pulverizado la sangre ya blanca el riñón relamido el páncreas afeitado, la barba cana apenas tengo 37 me miro al espejo y tengo una bella apariencia, aunque no lo crean.

418/607

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como en un viejo pacto de sangre revisas la cicatriz que quedó de ese día, mientras el taxi avanza, agotando las mismas gomas, que gastarán la calle que conoces. no hay timbre a la puerta del edificio, sólo el guiño que hace una hormiga que se pasea sobre los timbres de un edificio que ha acumulado las costras severas que marcan los días en el calendario que llevas anotado en el brazo derecho. entras y rechazas el ascensor, hay que subir al sexto piso. en el primer escalón sientes la pisada de una pulga que se amplifica lisérgica. te detienes en el segundo e inyectas la autoestima necesaria que da el gruñido de una lata de cerveza. (everywhere i go, i see her (his) face on the ground). piensas en el remedo que te hace la mañana, en los cultos señores que abandonan cada día a una hija; en la almohada de varios billetes que desearías tener por la noche; piensas en las cuatro tristes tías de siempre, que se abanican entre humo y brasa hablando cosas de tí y de nadie. llegas al peldaño fi...

esa cuenta, este tango

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lejos, muy lejos estás tú atendiéndome. me traes una cerveza y la cuenta que pagará un amigo que hoy vive en China. lejos, muy lejos te has repetido insistente en los últimos años cobrando, por cierto, la misma cuenta de siempre. lejos, muy lejos yo corría por una montañita así de grande o así de pequeña buscando el mejor viento para encumbrar un volantín. lejos, muy lejos. allá, más allá comí un alfajor cubierto de chocolate y que tenía en el centro el cobro de una boleta que a fin de cuentas pagó mi padre. lejos, muy lejos hay una estufa negra como todas las estufas negras que mantuvo mi abuela de torcidos dedos negros que una vez tu misma, la de la cuenta, besaste. lejos, muy lejos le tomé una foto a caszely y él me dijo gordito, baje de peso lo odié ahí mismo (gracias dios por lo del penal el 82, yo lo maldije). lejos, muy lejos estábamos todos juntos. los mismos de siempre y al sol entre dunas, esforzándonos en un torneo de eyaculaciones muy fecundas. lejos, muy lejos pasé alguna ...

bulto

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te he regalado un paquete de ya sabes qué ya sabes qué va ahí. ahora lo guardas, lo atesoras como si fuera sagrado pero no lo es (sabes que no lo es). no va oreja a lo Van Gogh ni la panacea que va a hacer de la gente algo irreductible. tú llévala no más, entrégala a quien corresponda. y mil chinos o rusos o gringos o de donde sean van a verlo con asombro. llévalo adonde ya sabes. no lo tires a la basura. ¡ya juraste que no harías eso! ¿o quieres que repita todo Brecht como un mantra? ahí va en tus manos el incógnito sinfín de espirales. reducido a ese paquete va la voluble alegría de un infinito que añoras. va la maldita tarde, entre otros bártulos, en que te entregué la pluma, el hábito, el desconocimiento de ciertas cosas. va, por cierto, la púa con que dibujarás tu nuevo tatuaje maorí.