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Despertar

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Y no sé a qué hora amanece Sólo sé que el sol sale, las nubes se aclaran y me miras con cara de penumbra entre las sábanas de tu boca. Y no sé a qué hora te vas de casa, para mudar los días, anudar las horas, dejándome sólo de mañana el trino de tus piernas el cálido menta de tu aliento y un adiós de voz pastosa.

Mi oído en su corazón

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No sé en cuanto tiempo más veas todas estas letras enmarañadas, estas frases hechas y deshechas una y otra vez. No sé cuantos ríos de sangre habrán de pasar bajo el turbio caudal de mi existencia, ni cuantas oscuridades ciegas, más ciegas que la miseria, habrán de ceñirse a mi garganta, a mi pecho, a mi habla. ¿Tendrán que hacerse ovillos los gatos; las mañanas, tardes; las noches, días; y blancos los negros para destramarte? ¿Deberán transformarse en líos los problemas, en mentiras las farsas o en montañas las piedras? o, más bien, ¿tendré que seguir el sordo ruido de la respiración de tu flujo o los cristalinos de tus ojos frágiles? ¡Oh, mi cuerpo avasallador, como piedra sobre piedra fría, como redes sobre redes, como letras sobre letras, como notas sobre notas!He de hacerte saber que sin el roce de su halo distante no soy más que un átomo que flota, polvillo ululante, un sonido nimio, un sordo chasquido. Que me voy haciendo fractura, roncha, picazón, quiebre, molienda, torcedura en...

Pausa

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Vuelvo pronto...

Judas 2

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¡Ja! vivo, más vivo que nunca. Me rodeaban los colmillos y fui salvado en las fauces mismas de las bestias, mis bestias. Lavaré, así, los pies de cada apóstol besaré la mejilla de cada Cristo y, como un estoico Judas, asumiré la ignominia. ¿Cuánto habrán de pagarme? ¿30, 40 denarios? No me deis nada, sólo la gloria eterna del altísimo o de su rastrero consorte o de su negra gabardina larga o del cadalso que espera a cualquier avatara.

Réquiem

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(A mi amigo Carlos Muñoz U.) Ser fuerte, aún en estas circunstancias ser piedra, metal, todos los metales juntos. Ser el mismo salto al vacío o la cola de un cometa o un volantín. Ser el interludio o el vasto reguero de pólvora que alguien encendió o la mecha que acaba en la devastación. Ser el mismo chico en la nube de los arcanos o el asunto de un mensaje ardiente. Ser la lisonja que todo lo cura la Venecia que confluye en tu mar. Ser la ficha correcta, el desopilante arlequín de la vida que queda, o la que parte. Ser el mismo bello príncipe, el colmado tecnócrata, las mismas púas que duelen bellas e ilustres. Ser el amigo que no olvido, el de la deuda pendiente. Ser fuerte, como la lápida que cubre la tumba de ella. Ser sobreviviente y un alma en pena recorriendo la Tierra hasta el confín de confines. Cornizas has caminado, sobre brasas inclusive. Lóbrego parecerá el sol al mediodía, mas habrá un prado fértil y desaforado, que ilustre el amor eterno que tuviste, el vuelo de mi amigo...

Pavores

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Pavor a las escalas en curva, no ves lo que viene hacia arriba o más allá, no distingues lo que se aproxima más abajo o más acá. Pavor de la luz, del sol o la luna, pavor a los colores, al destello de un reflejo o a la opacidad de una nube. Temor a una mano en el hombro al beso ajeno, a las marchas de los energúmenos a las bestias mediáticamente creadas. Temor a un mal paso a una vereda en mal estado al enigma de las alcantarillas y sus habitantes. Pavor a la ignorancia, al fácil palmoteo de espalda, a la farsesca sonrisa del otro a la reptil mano mal otorgada. Miedo otra vez al filo de un cuchillo en el cuello, a la botella descorchada, a la soledad más ignominiosa a dilapidar toda esperanza.

¿Y qué fue lo que sucedió? (Reporte I)

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Un reportero se pregunta: ¿Y qué fue lo que sucedió? Sagaz, valeroso y notable, el reportero de madrugada me explica lo inexplicable. No sé cual mediática meretriz recibió diez nalgadas en público por eructar en una entrevista de alta audiencia, cuenta que existen filmaciones sobre zoofílicos actos de un respetado humorista copulando con un pudú. ¿Y qué fue lo que sucedió? Cien cabezas rapadas apalearon a una gallina castellana, y cien punks fueron en su defensa. Doscientos intolerantes fueron a la cana, mientras un piquete de policías bebe ron ante sus barbas. Reporte de mañana. Cierre con una buena noticia. Cuatro millones de compatriotas hicieron crecer el país hasta la indigestión. La diarreica peste de dinero chorrea de arriba a abajo, de lado a lado. Yo me quedo satisfecho con la escuálida situación de mis bolsillos a los cuáles la mierda no ha alcanzado.