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Judas 2

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¡Ja! vivo, más vivo que nunca. Me rodeaban los colmillos y fui salvado en las fauces mismas de las bestias, mis bestias. Lavaré, así, los pies de cada apóstol besaré la mejilla de cada Cristo y, como un estoico Judas, asumiré la ignominia. ¿Cuánto habrán de pagarme? ¿30, 40 denarios? No me deis nada, sólo la gloria eterna del altísimo o de su rastrero consorte o de su negra gabardina larga o del cadalso que espera a cualquier avatara.

Réquiem

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(A mi amigo Carlos Muñoz U.) Ser fuerte, aún en estas circunstancias ser piedra, metal, todos los metales juntos. Ser el mismo salto al vacío o la cola de un cometa o un volantín. Ser el interludio o el vasto reguero de pólvora que alguien encendió o la mecha que acaba en la devastación. Ser el mismo chico en la nube de los arcanos o el asunto de un mensaje ardiente. Ser la lisonja que todo lo cura la Venecia que confluye en tu mar. Ser la ficha correcta, el desopilante arlequín de la vida que queda, o la que parte. Ser el mismo bello príncipe, el colmado tecnócrata, las mismas púas que duelen bellas e ilustres. Ser el amigo que no olvido, el de la deuda pendiente. Ser fuerte, como la lápida que cubre la tumba de ella. Ser sobreviviente y un alma en pena recorriendo la Tierra hasta el confín de confines. Cornizas has caminado, sobre brasas inclusive. Lóbrego parecerá el sol al mediodía, mas habrá un prado fértil y desaforado, que ilustre el amor eterno que tuviste, el vuelo de mi amigo...

Pavores

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Pavor a las escalas en curva, no ves lo que viene hacia arriba o más allá, no distingues lo que se aproxima más abajo o más acá. Pavor de la luz, del sol o la luna, pavor a los colores, al destello de un reflejo o a la opacidad de una nube. Temor a una mano en el hombro al beso ajeno, a las marchas de los energúmenos a las bestias mediáticamente creadas. Temor a un mal paso a una vereda en mal estado al enigma de las alcantarillas y sus habitantes. Pavor a la ignorancia, al fácil palmoteo de espalda, a la farsesca sonrisa del otro a la reptil mano mal otorgada. Miedo otra vez al filo de un cuchillo en el cuello, a la botella descorchada, a la soledad más ignominiosa a dilapidar toda esperanza.

¿Y qué fue lo que sucedió? (Reporte I)

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Un reportero se pregunta: ¿Y qué fue lo que sucedió? Sagaz, valeroso y notable, el reportero de madrugada me explica lo inexplicable. No sé cual mediática meretriz recibió diez nalgadas en público por eructar en una entrevista de alta audiencia, cuenta que existen filmaciones sobre zoofílicos actos de un respetado humorista copulando con un pudú. ¿Y qué fue lo que sucedió? Cien cabezas rapadas apalearon a una gallina castellana, y cien punks fueron en su defensa. Doscientos intolerantes fueron a la cana, mientras un piquete de policías bebe ron ante sus barbas. Reporte de mañana. Cierre con una buena noticia. Cuatro millones de compatriotas hicieron crecer el país hasta la indigestión. La diarreica peste de dinero chorrea de arriba a abajo, de lado a lado. Yo me quedo satisfecho con la escuálida situación de mis bolsillos a los cuáles la mierda no ha alcanzado.

Ruleta rusa

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En este absurdo timo que es la vida, donde sólo se cree en lo que se ordena, he visto estúpidas esperanzas en los sueños, en las calles y en las voces. Se juega al azar, con un mazo incompleto, las cartas faltantes las guarda el Don; se juega a la ruleta rusa y siempre este señor se reserva tres o cuatro naipes o una bala o el filo del cuchillo, en una trampa injusta, como todas las trampas.

Evaluación

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¿Y qué hice? Todo lo que puedan imaginar. Beberme hasta el agua de los ríos, masticar la carne de los perros y mastines, embroncarme con los servicios de inteligencia, maldecir hasta a mi propia madre, morderme los labios hasta sangrar, golpear a lo que se viniera encima, rasgar vestiduras, y lanzar vasos por la ventana, escribir durante 21 horas seguidas, fumar todo el tabaco del mundo, caminar hasta el fin de cualquier calle y retornar por la vereda del frente. Pisar el pasto húmedo, seco o ardiente, cortarme los muslos con una navaja, perseguir ratas por los pasillos, apostar lo indecible, charlar con mendigos, africanos y árabes, oler a Kafka en Praga. Dejar pasar todo el opio y el hachís posible, volar como vampiro, yacer en calles borracho, irme tras las rejas junto a cuatro marroquíes. Soportar una tormenta eléctrica a la intempérie. Desandar los pasos y volver a pisarlos nuevamente. Nadar de noche en el Mediterráneo y cargar dos maletas. Y tantas cosas, tantas otras cosas... ...

Las Fieras

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No te diré nunca cómo fui hundiéndome, día tras día, entre los hombres perdidos, ladrones y asesinos y mujeres que tienen la piel del rostro más áspero que cal agrietada. A veces, cuando reconsidero la latitud a que he llegado, siento que en mi cerebro se mueven grandes lienzos de sombra, camino como un sonámbulo y el proceso de mi descomposición me parece engastado en la arquitectura de un sueño que nunca ocurrió. Sin embargo, hace mucho tiempo que estoy perdido. Me faltan fuerzas para escapar a ese engranaje perezoso, que en la sucesión de las noches me sumerge más y más en la profundidad de un departamento prostibulario, donde otros espantosos aburridos como yo soportan entre los dedos una pantalla de naipes y mueven con desgano fichas negras o verdes, mientras que el tiempo cae con gotear de agua en el sucio pozal de nuestras almas. (Fragmento cuento "Las Fieras", Roberto Arlt)