¿Y qué hice? Todo lo que puedan imaginar. Beberme hasta el agua de los ríos, masticar la carne de los perros y mastines, embroncarme con los servicios de inteligencia, maldecir hasta a mi propia madre, morderme los labios hasta sangrar, golpear a lo que se viniera encima, rasgar vestiduras, y lanzar vasos por la ventana, escribir durante 21 horas seguidas, fumar todo el tabaco del mundo, caminar hasta el fin de cualquier calle y retornar por la vereda del frente. Pisar el pasto húmedo, seco o ardiente, cortarme los muslos con una navaja, perseguir ratas por los pasillos, apostar lo indecible, charlar con mendigos, africanos y árabes, oler a Kafka en Praga. Dejar pasar todo el opio y el hachís posible, volar como vampiro, yacer en calles borracho, irme tras las rejas junto a cuatro marroquíes. Soportar una tormenta eléctrica a la intempérie. Desandar los pasos y volver a pisarlos nuevamente. Nadar de noche en el Mediterráneo y cargar dos maletas. Y tantas cosas, tantas otras cosas... ...